martes, 25 de marzo de 2014

el arte de amar los detalles.









Ella es una de esas personas a las que hay que querer. No por su sonrisa de momentos difíciles, ni por su nariz tan pequeña o su manera de caminar dando saltitos- que también-; sino porque hay espectáculos de los que uno jamás llega a disfrutar si no está atento.


Hay que quererla para soportar sus altibajos, sus enfados repentinos y su manera de gritar. Hay que quererla para no huir a la primera de cambio, y quedarse a observar el modo en que alza los brazos al mismo ritmo que la voz; cómo da pequeñas patadas de frustración al suelo; cómo eleva la mirada al cielo dando por hecho que ella lleva razón. Hay que quedarse y verla enrojecer de rabia, y poner los brazos en jarra, transformándose entonces en el cuadro más gracioso que jamás imaginaste. Ella es así, simpática incluso cuando deberías odiarla.

Si sabes quererla, y apreciarla como debes, serás uno de los pocos conocedores del motivo por el que, cuando está concentrada, no permite que tú lo estés. Mira sus apuntes- o la televisión, o lo que sea- con los ojillos entornados y la nariz arrugada hasta juntar todas las pecas en un cielo estrellado bajo su mirada atenta. ¿La has visto leer? Se olvida del mundo- y hasta de ti- y sonríe o hace pucheros en un ejercicio de empatía con los personajes en cuya piel vive tantas historias de cortas horas. Llora con cualquier película, y ríe con los chistes menos graciosos. Es un tornado incontrolable, una bomba de sentimientos, un vicio si la pruebas alguna vez.

Ella es de las que siguen comprando en las tiendas más pequeñas de su barrio por cariño a cada tendero, de las que abren las ventanas para ver si puede echar a los mosquitos sin tener que matarlos. De las que quieren y sienten, y se saben insignificantes- sin darse cuenta de lo que significan para tantos-.

Le gusta la música, pero no sólo escucharla. Le gusta vivirla de verdad, sentirse vibrar con ella, parar en la letra y analizarla. 
Es necesario quererla para presenciar esos momentos de párpados caídos y a saber cuántos sueños tras ellos. Momentos de piel relajada y labios entreabiertos que piden besos sin llegar a suplicarlos. Momentos que son una brisa que acaricia su pelo sin atreverse a agitarlo, y las notas de su canción favorita acariándole los oídos a golpe de guitarras y una voz que parece abrazarnos. Esos momentos serían sólo quietud, de no ser por los pelitos rubios bajo su hombro- esos que sólo alcanzan a ver los ojos de un hombre enamorado- erizados por la emoción de algún pensamiento que siempre será secreto.

Le gusta cocinar. Le gusta moverse por la cocina al ritmo de alguna canción que ha inventado y tararea, moviendo las caderas con tanta gracia que, si eres capaz de captar esa imagen, sentirás que vas a morir de felicidad. Y sabrás apreciar esas dos piernecitas blancas bajo el delantal verde, en las que el sol parece reflejarse al mediodía,  y que se tensan cada vez que ella se alza de puntillas para alcanzar a abrir algún armario.

Ella es una de esas personas a las que hay que querer, para poder uno memorizar a qué huele- tan única y original- su piel. Puede que así estés donde estés, si en algún momento percibes esa mezcla de fresas y cítricos, ese olor a libertad y a rebeldía, sepas que está cerca tuya, y puedas sentirte en casa.

Y sepas captar cada matiz que tiene su voz, y zambullirte en ella y saber qué necesita o cuándo acudir sólo por el modo en que ha descolgado el teléfono y ha pronunciado ese "hola" de tantos significados posibles. Adivinar tristeza o alegría en el brillo de su mirada; o en sus labios la burla, o las ganas. Tal vez así, queriéndola como ella merece, te regales a ti mismo el placer de disfrutar de cada sonrojo y cada muestra de su inocencia- a veces fingida, sí, pero no por eso menos encantadora-.

Tienes que quererla y contagiarte de su locura- contagiarla a ella de la tuya también-, meterte a bailar de su mano bajo la lluvia, y esperar abrazados a que un día salga el sol y os pille allí, muertos de risa y desconectados de la realidad.

Ella es una de esas personas a las que hay que querer y hacer feliz simplemente porque, cuando lo son, regalan al mundo el más bello de los sueños jamás soñados.






miércoles, 19 de marzo de 2014

Feliz día del padre.










Que el tiempo lo curará todo, pero es que hay heridas que yo no quiero dejar sanar. Porque duelen bonito y porque hacen sentir, porque recuerdan que hace un tiempo era cariño, todo ese dolor. Hay heridas que si no dolieran, dolerían más. 

Y es que a veces, caigo en alguna de las trampas que la vida me va poniendo, y me transporto a otro tiempo, y volver es difícil y al final decido dejarme dañar. Sólo un poco. 

A veces es sólo un olor, por ejemplo. Alguien que ha decidido usar su mismo perfume- ése que se ponía a base de palmaditas en la cara cuando tenía la piel recién afeitada, y que olía a casa y a papá- y que ha subido al mismo autobús que yo; que pasa por mi lado levantando una brisa que me cala hasta el alma, y me lleva lejos, a un momento mejor. A veces basta sólo con eso para ver sus dedos tecleando cualquier sábado por la mañana, incansable y trabajador; o recordar algún detalle, una sonrisa, una mirada, un chiste, una riña, una confesión.

A veces es una canción. The Beatles, Pink Floyd, Stevie Wonder,  Supertramp... Cualquier viaje de cualquier verano, una familia de cinco, mil mundos por descubrir.

Un momento difícil, un cosejo suyo, palabras que resuenan en mí y que siempre lo harán. 

A veces, la vida, se vale de cualquiera de los mil matices que la.componen. Y entonces lo hace: me lleva de vuelta, me hace sentir, me impide olvidar. Es como un grito de guerra, o una llamada de atención.  Una especie de mensaje en una botella lanzada a un mar de desesperación. 

《Eh, pero no te olvides, que hay algo que nunca muere: el amor. El amor que tuvo que sentir por ti para darte tanto como te dio, el amor de ese padre al que viste madrugar para construir cada día una vida en la que hacerte feliz. A ver qué más vas a pedirle a la vida, después de que te hayan querido así. No te hundas, anda, y da las gracias. Y actúa como él habría querido, da la talla》

Y es entonces cuando me doy cuenta: los padres son para toda la vida, estén aquí o no, no va a faltar nunca su protección. Ni sus consejos, esos siempre están ahí. 

lunes, 10 de marzo de 2014

Tengo derecho a tener un mal día.







Pues mira sí, hoy es lunes. Y no, no creo que vaya a ser un gran día. Los lunes son lunes, y llevan siéndolo toda la vida; no comprendo esta nueva moda que nos conduce a discriminarlos cuando, si te paras a pensar, existen martes que son mucho más horribles- y los miércoles, esos miércoles infernales, tan cansados ya de la semana, y tan lejos del descanso por otra parte-. 


No comprendo tampoco esa necesidad, casi patológica a mis ojos, de inundar las redes sociales- y el día a día- de mensajes cargados de un optimismo inventado y fuera de lugar, una felicidad que no viene a cuento. Nos han hecho creer que el café sabe mejor en una taza con un mensaje positivo, que tenemos que pintarlo todo del color que le falta, que los días grises lo son cuando nosotros elegimos verlos así. Nos han quitado el derecho a estar tristes, a hundirnos, o a llorar; y nos han robado la oportunidad de tocar fondo antes de remontar y subir de nuevo. 


Tal vez deberíamos olvidarnos de tanta fuerza, tanto ánimo, y tanto "tú puedes con todo"; y empezar a aceptar que a veces no se puede- que hay días que es imposible-, y sustituírlo por un: "eh, tranquilo,  que no pasa nada".


Tal vez sería mejor que, en lugar de buscar a alguien que nos sirva de venda para no ver la realidad, elijamos un bastón en el que apoyarnos cuando nos fallen las fuerzas,  una manta para cuando llegue el frío, un paraguas para los días que llueva.


¿Por qué no intentamos plantarle cara a los problemas? Los del lunes, los del martes y los de cualquier día, cuando decidan llegar. ¿Por qué no aceptamos que la vida es precisamente eso: caer, llorar, luchar, levantar? ¿Por qué no nos damos cuenta de que no habrá felicidad si antes no hemos conocido la tristeza; de que sonreír todo el tiempo no es natural?


Que te quieran como eres, eso es lo que tienes que buscar. Que sepan que a veces secar tus lágrimas será imposible, que en ocasiones lo único que necesitas es un "yo te entiendo"- o un silencio, simplemente, que quieran estar-, y que el "no te preocupes" es la inmadurez más inútil si quieren ayudar. 

Que te den la mano fuerte, con valentía, y se embarquen contigo aún a riesgo de naufragar.

martes, 4 de marzo de 2014

TE (...) QUIERO







TE (voy a contar algo de lo que puede que ya te hayas dado cuenta: soy, la mayor parte del tiempo, un desastre que acontece arrastrando consigo todo lo que tiene a su alrededor. Un exceso de carcajadas, un mar de lágrimas, una montaña rusa emocional. Llevo tras de mí, pesando sobre los hombros, una historia que por mucho daño que me haya hecho no quisiera olvidar; porque duele, sí, pero me recuerda que hubo un tiempo en que aún no había perdido a nadie, y no me habían obligado a madurar. Siempre, SIEMPRE, llego tarde, y ni siquiera invento excusas, porque mentir se me da fatal. Sé apreciar el buen cine y la buena literatura, pero lo que me hace feliz son las revistas de moda y la televisión basura. No entiendo de fútbol ni del política, ni pretendo saber nada, porque me dan igual. A veces me enfado sin razón, pero me creo que la tengo y por eso grito, y me gustaría que me la quitaras, pero en realidad no. Y cuando me gusta algo, debes dármelo, pero también hacerme esperar, mantener la ilusión; tiendo al desinterés precoz. Necesito mimos y cariño, pero me agobio con facilidad; te necsito ahí pero no encima, en mi camino pero sin estorbar.  Soy un ciclón, hiperactiva y algo caprichosa, a veces insoportable hasta para mí misma. Y en cambio, ninguna de estas verdades me digné jamás a contarte mirándote a la cara; de nada de esto te avisé. Porque te vi, aquella mañana de Septiembre, dejado caer en una pared blanca que brillaba al sol, y supe en ese momento que, por mucho sentido que le faltase a aquello, tenías que ser para mí. Porque nunca creí en la magia, hasta que tus ojos. Porque tienes el poder de secar mis lágrimas antes incluso de llegar a tocarme. Porque conoces ese punto exacto de equilibrio, maravillosamente poco estudiado, mezcla de la comprensión y el realismo necesarios para hacerme sentir escuchada, pero no demasiado. Porque fuiste el más valiente de los dos, el que abrió la boca en lugar de quedarse callado. Porque la primera vez que miré tus ojos ellos me miraron a mí y me contaron una historia en silencio, la nuestra, la que yo quería vivir. Porque luego descubrí que tus besos por las mañanas saben a café, y que me dejarías empañar los cristales siempre que quisiera para dibujar corazones en ellos; que mi mano siempre encontraría un lugar entre las tuyas, o sobre ellas en cada cambio de marcha mientras conduces hasta el fin del mundo. Porque tu piel gritaba aquellos primeros días que estaba hecha para mí: para mis caricias, para mis abrazos, para darme calor cuando llegara el frío. Porque no podía renunciar a ti, a esa promesa de felicidad para siempre que eran tus brazos abiertos y tu sonrisa. No te avisé de ninguno de los defectos con los que tendrías que convivir si me elegías porque, antes incluso de tenerte, yo ya supe que no me podía permitir perderte. Que no verte sería morir, que la vida poco tendría de vida sin ti) QUIERO.

lunes, 3 de marzo de 2014

Prepararnos juntos para la lucha cada mañana.



A lo mejor si me derramas el café por la espalda 
me despierto antes que el sol.
A lo mejor si me arropas con tus brazos en lugar de con las sábanas
entro en calor.

Y si nos dan las tantas qué más dará,
que no amanezca nunca, que no llegue el día
que sea siempre noche y oscuridad.

A lo mejor si apagas todas las luces
y me buscas así, sin mirar,
me hueles y me sientes,
y me vives en una caricia cuando me hagas vibrar.

A lo mejor si me sujetas fuerte
y me das la mano antes de saltar,
caemos juntos al vacío
y ya no nos pueden separar.

domingo, 2 de marzo de 2014

El amor es eso...

... ver una sola vez y desear toda la vida.

Y a mí, plín.

Y que llueva todo lo que tenga que llover, que en mi interior siempre será una mañana soleada. O un amanecer rosa, o un atardecer naranja.
Que llueva, que diluvie, que truene. Que miren y que critiquen, que adivinen, que especulen, que jueguen. Que nos inventen finales tristes, que envidien, que se molesten.
Que qué más da si nosotros seguimos amaneciendo juntos, y el café que compartimos aún nos calienta las manos. Qué importancia tendrá lo que hay fuera si dentro siempre seremos nosotros, si nuestro mundo nunca se enfría, si no perdemos el poder de hablarnos con los ojos.




sábado, 15 de febrero de 2014

de todas tus primaveras...

En qué momento exacto me enamoré de ti es algo que no sé, pero sospecho que tuvo que ver aquél en que me miraste por primera vez y sonreíste como tú sabes. O ése en que te tuve delante con el sol en tus mejillas y en los pelillos más claros de tu barba, y me di cuenta de que a la luz tus ojos eran más verdes que miel en algunas zonas y más miel que verdes en otras; que tenías un girasol dibujado en el iris y que yo podía perderme en él para siempre. 

Tal vez fueron todas tus simpatías de niño borde y descarado, o lo mayor que te sentía, o lo imposible, o lo cercano. Tal vez fue cuando entendí que era a mí a quien querías, y que todo aquéllo era mucho más que un juego.

O aquellas tardes, intentando estudiar con tus ojos clavados en mis manos y tu codo insistente pegado al mío. Sé que fue en uno de esos roces cuando entendí que no te ibas a rendir y empecé a rendirme yo, sólo un poco.

Tal vez fue en un de aquellos primeros paseos, el uno al lado del otro, creando sin darnos cuenta los primeros trazos de éste que ahora es nuestro mundo; o en aquellos primeros silencios; o en nuestro primer beso. Tal vez me enamoré de ti aquella noche que viniste a buscarme a pesar de que yo hubiese dedicado días enteros a renegar de mis sentimientos y jurar que "con él, yo, nada de nada"; y al final me dejé encontrar loca por ti y permití que entraras en mi vida.

O tal vez aquel primer verano de mañanas al sol y noches interminables en que comprendí lo poco que necesitaba para ser feliz: tú, yo y una toalla en la que tumbarnos a mirar pasar el tiempo.

Quizá fue cuando mi vida empezó a dar vueltas a base de lágrimas y tormenta, y vinieron los malos momentos y tú, en lugar de huir, te quedaste. 

O puede que me enamorara al verte llegar a esa meta que yo persigo, y cumplir todos esos sueños que compartimos. Yo te vi alcanzar el final del camino y detenerte ahí, cuatro años de más, con los brazos abiertos y esperándome. Tal vez sea eso lo que me hace quererte tanto: la promesa de una vida juntos, sea cual sea el final, perfecta si estamos juntos.

El caso es que estoy enamorada de lo que en estos veintiocho años ha hecho la vida de ti: un hombre íntegro, trabajador y generoso. Uno que nos quiere, a los suyos, como lo haría un niño que aún no ha visto el mal: sin reservas. Yo estoy enamorada de tus ojitos, de cómo sonríen a mi felicidad y cómo entristecen con mi sufrimiento; de todo lo que dicen cuando tú no encuentras las palabras. Estoy enamorada de tus silencios, de tu manera de ignorarme cuando grito, de cómo con un gesto me haces saber que a ti te lo puedo contar todo. Estoy enamorada de cómo me miras tan atento cuando te leo en voz alta algo que he escrito, y me haces sentir como si nadie más pudiera haberlo hecho. Enamorada de nosotros y todos nuestros recuerdos, de todos los momentos juntos, del segundo en que me di cuenta de todo lo que podíamos ser.

Poco puedo decir hoy que no te haya dicho ya. Que te quiero, que gracias, que te quedes siempre que yo también lo haré. Muchos más años a tu lado es lo que deseo hoy.


Felicidades Burgos.




domingo, 9 de febrero de 2014

Sin ti yo no.






No quiero, si no estás no quiero. Que no, que sin ti no.

No quiero cenas, ni quiero rosas. Ni fiestas, ni amigos, ni muestras de amor. 
No quiero mojarme en la lluvia, ni bailar con el viento, ni playa, ni días de sol.
Que no quiero. Que no, que sin ti no soy yo.

Que vengas y me revuelvas la vida, que me desordenes el alma, que sé que sabes. Que nos perdamos, que huyamos los dos.

Que tengo las noches llenas de insomnio y sueños, y una canción siempre preparada por si vienes a por mí.

Que no esperes, que no planees, que no necesitas nada. Que si es contigo va a salir bien. Que tú eres yo y yo soy tú, y los dos somos magia, y cada vez más.

Que todo lo que quiero lo quiero contigo, y sin ti no. Que no. Que te quedes conmigo, que sólo contigo soy yo.



sábado, 8 de febrero de 2014

Buenos días, Sábado.

Hay días en los que el sol brilla sobre nuestras cabezas, o se cuela por las cortinas de nuestra habitación y lo empapa todo de luz y color. Días que están ahí para que salgas a brillar, y te calientes con él. Días de ver niños en el parque, de cervezas y tapas en la calle, días de pasear, días para salir a correr.

Pero hoy no. Hoy el cielo está gris oscuro, y parece que va a llover. Hoy no es día de salir de la cama, hoy me quedo en casa con él.

Hoy hace día de soñar despiertos, de comernos a besos, de gastarnos la piel. Hace día de ponernos una sonrisa, de ignorar al frío y calentarnos los pies.

Hoy es un día de ésos. DE ÉSOS. Días en los que no hay que buscar nada fuera, si tienes hogar y tienes café. Un día de mantas y cojines por el suelo, de manos que se buscan, de cabezas que descansan en el hombro del otro. Un día de apagar los teléfonos, de cerrar los ojos y escuchar llover.



martes, 4 de febrero de 2014

Vivid lo más.



Ayer estuve tres horas allí, de pie, mirándolo en silencio y queriéndoselo decir todo, TODO, y en cambio no. No despegué los labios, y ahora estoy aquí, cobarde, para escribir lo que sentí y no pude explicar.

Tenía los párpados caídos, los ojos cerrados, presa de un sueño que se le había impuesto por su bien y a su pesar. Y en la piel de la frente, y junto a la boca y la barbilla, sólo las arrugas que llevan ahí tanto tiempo que han decidido ya no dejar nunca de ser. Que se han ganado ese derecho, de revelar un poco su edad. Pero ninguna que mostrara tensión o dolor, ninguna más. Ese hombre dormía con una languidez y una relajación tan extremas, que estaba lejos de cualquier tipo de coherencia. Sobre la mesa del quirófano, desprovisto de ropa y de consciencia, con la barriga abierta en canal. Totalmente ajeno a esas manos que manipulaban sus órganos, sumergido en ese sueño que imaginé placentero.

- ¿Qué le pasa?- me atreví a preguntar.
- Se trata de una masa tumoral, mira, puedes palparla aquí, en el recto.

Y de verdad, fueron necesarios esfuerzos de todo tipo para evitar, a toda costa, una carcajada tras mi mascarilla. Una de ironía y de rabia, de impotencia y frustración. Volví a mirar a ese paciente, y de repente, dejó de serlo sin más. Ya no estaba frente a un caso interesante, ni ante un enfermo que curar. Lo que tenía frente a mí era una persona, una persona viva (y tan viva, que yo misma pude verlo latir en su interior).

Imaginé en pocos segundos su vida, imágenes inventadas que por un momento creí reales. Una mujer, unos hijos. Amigos, aficiones y pasiones, libros que habría leído, películas que le quedaban por ver. Y quise gritar, allí mismo:

VIVA. Viva después de ésta y búrlese de esa maldita enfermedad que ni siquiera voy a nombrar. Viva y agárrese a la vida, con fuerza, con valentía, sin razón. No piense demasiado. Cuando despierte, olvide que estuvo aquí. Y salte obstáculos y tratamientos, ignore las consecuencias y los riesgos. Viva, viva y sea feliz. 
Debe ser ejemplo para muchos que van a sufrir igual. Enseñe, muéstrenos a todos que el destino lo elegimos nosotros, y que la vida siempre es la mejor opción. 

Y todos vosotros, los demás. Enfermeras y cirujanos, anestesista, lectores que ahora dedican un tiempo a mis palabras: VIVID TAMBIÉN. Al margen de las modas y las nuevas reglas, al margen de toda presión. Vivid y aprovechad cada oportunidad.
Que cada día merezca la pena, que cada segundo sea una batalla librada en nombre de vuestra felicidad. No os convirtáis nunca, NUNCA, en personas grises. Saboread.
El amargor de un buen café, el queso derretido de una pizza, la ternura de un beso y la fuerza de los abrazos más deseados. Compadeceos de aquéllos que no se apasionan, que aman a medias, que no ríen nunca ni se atreven a soñar. Llorad cuando estéis tristes y quered siempre de más. 
No pidáis en un bar cerveza sin alcohol, no os privéis de un helado en pleno mes de Enero, ni renunciés a la nata en las tortitas para desayunar.
Sed vosotros mismos, concedeos caprichos, buscad la verdad.

VIVID, vivid lo más. Y si algún día llega, si os anuncian el final, seguid, luchad.

domingo, 2 de febrero de 2014

Pero llegó ella.




Tenía que ser rubia. Tenía que ser rubia y muy alta, tener las piernas interminables y la piel más suave del mundo. Los ojos azules, los labios rosa palo. Tenía que ser perfecta.

Tenía que gustarle leer, y conocer el nombre de todos sus autores preferidos. Y tenía que ser inteligente, tener un futuro, ser digna de la vida que él había planeado. Tenía que gustar a todos, y encajar en su mundo como si hubiese sido creada para entrar en él. Y tenía que desear estar allí, colgada de su brazo. 
Tenía que ser dulce, y a la vez trasmitir seguridad. Eran necesarios los modales. Tenía que vestir bien. Tenía que ser adecuada. 

Pero llegó ella, entre la tormenta y la búsqueda, con el pelo empapado y pegado en la cara. Ella, tan absolutamente poco apropiada. 


Llegaron ella y su olor a lluvia y a libertad, a casa y a leña, a libros que encierran secretos, a tierra mojada. Ella, y su melena oscura bailando con el gris del cielo y ondeando al son del viento y de su respiración enamorada. Ella y su nariz de bruja, y sus pecas de hada. Y su sonrisa, con todas esas historias blancas por contar, como si no tuviesen fin, como si hubiese vivido durante siglos que no han durado nada. Ella y su inocencia, y sus miradas ingenuas que escondían a saber cuántos trucos tras las pestañas aladas.


Ella. Ella que era a ratos la tranquilidad de un atardecer, y al mismo tiempo una ciudad ardiendo. Ella que no era más que un par de vaqueros desgastados, y unos pies descalzos que bailan en la hierba. Una canción, un verano entero, una sola mirada. 


Ella que comía pizza al llegar a casa después de una noche de fiesta, que le enseñó a olvidar los problemas, que cuando los había fumaba despreocupada.Ella y aquella forma de pedirle acortar las distancias, ella y sus camisas por el suelo, su forma de ser mágica y desordenada.

Ella con sus silencios que duran años, capaz de decirlo todo sin necesidad de palabra. Ella cuando sentía, ella cuando vivía, ella cuando suspiraba.

Ella que reía como una loca, que presumía de tanto descaro, justo antes de volverse tímida y cubrirse la cara. Ella que tan facilmemte se sonrojaba. Ella que era fuerte, fuerte, y luego se rompía, y a veces lloraba. Ella que lanzaba miradas que eran un "te necesito" gritado al viento, o el desgarro de un alma silenciada.


Él buscando la perfección, para al fin toparse con ella. Con ella y todas esas manías, desesperantes y desesperadas. Ella que le quitaba el sueño, que le hizo ver que nunca supo nada. Ella que le enseñó quién era con una sonrisa y un par de caladas. Ella que era el verano, las flores de Mayo,  la luz naranja que huele otoño, y una montaña nevada. 


¿Y qué es querer sino darnos cuenta de que nunca supimos todo lo que podíamos sentir? Y destruir planes, desmontar esquemas, y que sólo nos importe la felicidad de quien nos ama.


Qué era el amor, eso no lo sabía. ¿Pero qué podía acercarse más que aquel terremoto en su vida al descubrirla a ella?

Ella y sus "estoy aquí para ti".

Ella y sus "no entiendes nada".

Ella y sus "vive".

Ella y sus "ahora".


Ella, y el olor a café de por las mañanas.


Ella y sus ideas de loca, y sus vergüenzas de niña.


Ella y su ropa tan rara.


Ella vistiéndose con prisa. 


Ella, desastre, siempre tarde.


Ella y su forma de gritar enfadada.


Ella como una fuerza necesaria.


Ella, siempre con ganas.






viernes, 31 de enero de 2014

Al despertar.

Buenos días, sea la hora que sea- aunque no despiertes por la mañana-. He dejado café en la cocina, y he salido por la ventana.

El despertador está apagado, y escondido en algún rincón. Espero que no te importe, estabas tan guapa cuando he despertado con toda tu piel brillando al sol. 

Los labios rojos y las mejillas sonrosadas, la almohada empapada de sueños de amor. Estabas tan guapa, tanto, que no te desperté. Me faltó valor.

Tienes mi tacto aún en las sábanas, mis besos en la mejilla, y por todo el cuerpo mi olor. 

No me eches demasiado de menos, he dejado algunas mantas en el cajón de la mesilla y junto a ellas, un frasquito de ilusión.

Enciende la chimenea y dedícate a ser tú, que yo no tardo, lo prometo. Volveré en cuanto haya pintado el cielo de azul.

Del azul que mereces ver, y de los árboles y el amanecer... Yo pintaré cada mañana los paisajes que no quieran ser.





jueves, 30 de enero de 2014

Trying to reach the stars.

Que quien lee, viaja, eso lo sabemos todos. Que quien abre las páginas de un libro, abre también nuevas puertas, y al final vive tantas vidas que puede decir que ha sentido el doble.
Que cuando sientes tanto, y tan fuerte, se te salen las emociones del alma. Y se derraman en el papel.
Que empiezas a escribir sin saber bien cómo, ni por qué. Sólo escribes y al final descubres, te descubres. Y luego te das a conocer, y sobre todo, conoces.







Yo no me canso de repetir que cuando me adentré en La Guerra de las Napolitanas, no tenía ni idea de cuánto me iba a aportar: momentos, alegrías, sensaciones, PERSONAS.

Personas que ayudaron y confiaron en mí sin conocerme en realidad, personas que viven para mostrar al mundo la belleza de este viaje que es la lectura.

He venido hoy a hablar de una de ellas, la administradora de este blog: http://turnyourcannotsintocans.blogspot.com.es/?m=1

Me comentaba ayer que su trabajo había sido aceptado por varias editoriales (entre las cuales se encuentra Sm), que acceden a enviarle ejemplares de algunas obras para que ella las reseñe. Enhorabuena, Sara, es maravilloso ver cómo personas que te han ayudado suben un escalón más en su carrera hasta el éxito.

¿Qué quiero pedir? Que os paséis por el blog, que le echéis un vistazo, que os unáis a él, y que disfrutéis de todo lo que ofrece. Ganáis vosotros, en realidad.

Ojalá vivas.



Ojalá vivas y ojalá sueñes, y ojalá nunca te sientas solo- ni siquiera cuando lo estés-.

Ojalá te enamoren y te dejes enamorar, y que te partan el corazón y luego olvides. Ojalá sepas lo que es sufrir. 
Que te caigas mil veces y mil veces te levantes, ojalá aprendas a ser feliz.




Ojalá sonrías, y ojalá llores, ojalá se escuchen tus carcajadas en cada rincón. Que tiemble el mundo cuando te enfades, ojalá ames con el corazón.

Ojalá conozcas la amistad, y  nunca tengas miedo a soñar.
Ojalá te atrevas, y tengas ilusión. Que sepas ver los pequeños detalles, una aventura por cada canción.
Ojalá nunca te falte esperanza, ni te fallen las ganas de luchar. Ojalá tu vida sea una búsqueda en la que nunca dejes de encontrar. 







Y ojalá bailes siempre con ganas, y la lluvia te moje y el sol te vuelva a calentar.

Ojalá sepas ver qué es lo que vale, que sepas ser y estar. Que no tengas que parecer nada, que no te importe gustar. 

Ojalá te quieran, ojalá te sepas querer. 

Ojalá vivas y ojalá sueñes.
Ojalá.

miércoles, 29 de enero de 2014

La generación del Like.

Imagínate una fiesta con tus amigas: la cena, el vino tinto, los postres cukis, las copas de después, las risas, las charlas clandestinas, las copas de después, la música, los bailes, las copas de después...







Siempre lo mismo, vale, pero cada vez mejor. Siempre la misma anécdotas y el mismo chiste, vosotras, vuestra canción. La misma llamada a los taxis, la bajada retocando el maquillaje en el ascensor. Y la misma foto. Ésa que haces tú misma con la cámara interna del teléfono móvil, alzándolo en el aire y enfocando a duras penas vuestras caritas de sueño, vuestros párpados caídos y vuestros labios recién pintados. Ésa en la que ponéis morritos, ésa en la que no salís tan bien. Esa foto que justo en ese momento- sentadas en el asiento de atrás del coche de un pobre taxista que se siente amenazado- os parece divina, pero que al día siguiente no.









Es aquí donde entra en juego el peligro de esa bomba que llevamos siempre en el bolsillo: el smartphone. Verás, hace no más de cuatro años, esa foto horrible habría quedado en tu galería, oculta, para que la vieras al día siguiente y simplemente decidieras: la borro, que desaparezca para siempre; la subo a Facebook, que nos vamos a reír; a la carpeta de Dropbox, y así sólo la vemos nosotras.

Pero todo eso ya da igual, porque es Enero de 2014 y tú tienes acceso a tus redes sociales en cualquier momento del día: en clase, en el trabajo, mientras preparas la comida, e incluso cuando no estás en condiciones de decidir qué le muestras al mundo y qué no (porque estás eufórica, porque en ese preciso instante todo es genial). Al final, la foto termina en Twitter, en Facebook, en Instagram, y en todos los rincones donde has podido colgarla con un comentario del tipo: "quierp tsnto a mis amugss". Y la olvidas. Esa noche bailas y disfrutas como si el mundo estuviese a punto de acabar, y tú te olvidas de todo lo que esté pasando fuera de esa discoteca en la que, probablemente, te encuentres con toda tu ciudad.

No habría ningún problema con todo esto si a la mañana siguiente, haciendo recuento de los mejores momentos de la noche, viniesen a tu mente imágenes del taxi y vuestra foto, y encendieras corriendo el móvil para buscarla: bien, ahí está, es horrible pero podemos borrarla, control de daños, todo el que saliera anoche tiene una cagada como ésta y además, seguro que todos duermen.

Pero no, ésa no es la realidad- lo fue hace un tiempo, pero ya casi no lo recuerdo-. Lo que de verdad ocurre cuando enciendes el teléfono, es que te encuentras con unas mil notificaciones de facebook, de todas esas personas que la noche de antes se acostaron temprano, y han decidido madrugar: tus tías, tu madre, las amigas de tu madre. Las de tu abuela. Todas esas señoras que, después de años criticando a la juventud por su obsesión con las redes, decidieron un buen día entrar en facebook en masa, como una marabunta, y llenarlo todo de fotos absurdas: Dale like si odias esta enfermedad, comparte si crees que esta niña es hermosa, tírate al suelo y haz la croqueta si estás hasta las narices de imágenes así.
Piénsalo: esas señoras tienen un control detallado de la vida de todos sus amigos, no podía ser de otra manera, ellas ya han visto tu foto. 

Y les gusta.

Vete a saber por qué, a tu madre- la misma madre que ayer gritaba por el pasillo si de verdad era necasario salir un jueves, si no te cansas nunca, si no tienes que estudiar- le gusta esa foto tuya con la palabra RON escrita en la frente. A saber qué habrán visto en ella tus tías y sus amigas, qué es lo que les ha hecho tanta gracia, qué les ha llevado a darle al botoncito de "Like".

Yo tengo una teoría: ellas, que nos bautizaron a nosotros como "la juventud que está loca", están todavía peor. Ellas son la generación del "Like", da igual lo que ecribas, a ellas les va a gustar.

- He aprobado un examen: Like.
- Com qirro a mos aimgus: Like.
- Ayer se murió mi pero: Like, Like, Like..,

De verdad, no termino de ver cómo hemos llegado a esto. Cómo no se nos ha ocurrido establecer edades y fechas de caducidad para las redes sociales (hay excepciones, vale, pero también las hay muy maduras a los quince y nadie les da la mayoría de edad). 

¿En qué momento, en qué momento por favor, dijimos "mamá, deberías probar whatsapp"? ¿Quién fue el primero? Mira, sin rencores, pero por tu culpa, ahora mamá pasa malos ratos pendiente de la última conexión, pregunta "dónde estás" y sobre todo: "¿POR QUÉ NO ME CONTESTAS?"

Y vosotras- mamás, tías, abuelas- ¿Acaso nosotros hemos invadido vuestro lugar de trabajo? ¿Qué va a ser lo siguiente, venir a estudiar a la biblioteca? Y, de verdad, explicadme esto: ¿Por qué os gusta todo? ¿Por qué? Si en la vida real no dejáis de criticar...






Pastel de fresa y esperanza.

Él era a sus días lo que la espuma dulce al café.
Allí donde veía montañas de libros, él encontraba cuentos para ir a la cama; por cada bostezo le devolvía ilusión, y por cada desánimo toneladas de ganas.
Él era a sus días lo que el fuego de una chimenea es a las tardes de invierno, lo que los libros a las mañanas de playa.
Cada vez que ella decía "no puedo", le preparaba pastel de fresa...
... y esperanza.

jueves, 16 de enero de 2014

Buscar la felicidad, y ENCONTRAR.

¿Sabes esa pequeña manchita de café que queda en el plato cuando dejas caer la cucharilla antes de beber? Como un charquito de energía justo ahí, junto a tu tostada. A mí me encanta. Igual que el olor a pan, y a desayuno. A hogar, a casa. Y cerrar los ojos y empaparme de tanto recuerdo. Y luego abrirlos, y ver que sigo aquí, que soy afortunada.

Esta mañana ha amanecido nublado, y luego se ha puesto a llover. Y será que siempre he sido rara, o que algo en mí siempre funcionó al revés. Que siempre quise ser yo misma, y nadie más. Lo cierto es que a mí me alegran la vida los días así. Más que el sol, y los paseos por el parque, y las cañas y las tapas. Porque, ¿sabes? para mí el secreto está entre las páginas de cualquier libro, mientras la lluvia golpea violenta en el cristal, tras las cortinas, y yo estoy ahí, a salvo. Con los pies hundidos en las últimas arrugas del edredón, allá donde no existe el frío. Y en algún rincón Tom Waits me canta una nana, y siento mis párpados caer cada vez más pedados. Es curioso, siempre termino soñando con él. Con el hoyuelo en su mejilla izquierda, y el sonido de su risa cuando es feliz. Y con un mar inmenso, que nos eriza el pelo y nos sala la piel.








Tal vez deberías probar, ya sabes, buscar la felicidad. Un poco en los libros y la lluvia, sí. Y un poco más allá. Tal vez deberías llenar una bañera de agua caliente y dejar que The Lumineers suenen de fondo y hagan todo el trabajo por ti, dejar que ellos te alegren la tarde. Ta vez es hora de dejar de posponer la alarma, y programarla a una hora más realista. E incluso preguntarte quién eres, y aceptarte, y olvidar de una vez quien quieres ser.


Empezar a buscar en el sitio correcto, y encontrar. 



Esclaviza2

¿Sabes esos momentos, estudiando algo tan interesante que tienes que luchar para no dormirte, cuando sientes que un único dato más bastaría para hacer explotar tu cabeza salpicando a todos de tanta información? O esas mañanas de domingo bajo el edredón, sin querer salir de la cama, sin saber cómo hacerlo en realidad. 
Hay noches en las que no apetece nada, sólo escuchar o leer a alguien con capacidad de divertirnos, alguien capaz de hacernos reír. Días en los que todo a nuestro alrededor es rutina, y sentimos la necesidad de que pase algo extraordinario, o simplemente de que alguien nos de un codazo y nos grite: "¡Eh! Yo tengo algo que contarte, así que desconecta un poco, ¿no?".

Son ésos los momentos en los que ellos me rescatan de tanto movimiento mecánico, de tanto prepárate un café-termina de beberlo rápido-corre que vas tarde-haz lo mismo cada día. Ellos, los chicos Glamour. ¿Cuántas veces me habréis visto sonreírle a móvil, perdida entre las líneas de algún post genial?
Lo que dicen ellos, casi siempre es palabra de Dios. No, mejor, casi siempre son palabras que antes hemos pensado nosotras, las chicas, transformadas en el discurso de un hombre que escribe para ponernos a todas de acuerdo.

Eh, gracias.

Y en cambio, a Rodrigo Taramona, yo tengo algo que decirle. Sé que el resto de las mujeres (las que me lean, no serán demasiadas) montarán en cólera después de esto, que voy a desvelar secretos que es mejor que los hombres no sepan, que estamos mucho más cómodas refugiadas en esa situación desfavorable en la que nos han dicho que nos encontramos, y que luchar es más fácil si el enemigo nos cree débiles. Hemos sido inteligentes, y os hemos hecho sentir más fuertes.

Hace unos días leía en el blog las ventajas de ser un hombre heterosexual, y lo mal que nos lo montamos las mujeres, atadas a cánones impuestos por la publicidad y siendo el anzuelo para los consumidores masculinos. Rodrigo nos pedía por favor que esclavizáramos a los hombres, porque estamos más preparadas para dominar el mundo. Imaginaba un futuro maravilloso, en el que los hombres formarán parte de un harén y dedicarán su vida a mimarnos, y a cumplir misiones tan peligrosas como abrir las latas de conserva, traernos una copa de vino en mitad de una película, o ir a por un poco de helado cuando no queramos levantarnos del sofá.  

Y a mí me surgen dos preguntas importantes. La primera: ¿realmente somos nosotras las utilizadas por la publicidad para atraeros a vosotros, y las que estamos sujetas a cánones exigentes? ¿Y qué pasa con David Gandy, por ejemplo, o con Kortajarena, o Velencoso, o...? ¿Qué pasa con todos ellos? ¿No son cebos para nosotras, no nos hacen desear a otro tipo de hombre, siempre bien vestido y entrenado? Y todas esas todas las películas  tan románticas, y todos esos libros que han revolucionado los conceptos y nos han mostrado nuevas formas de vivir el amor. El listón está alto, y no creo que sea fácil dar la talla.

Y la segunda pregunta, y ahora sí me van a querer muerta: en serio, ¿no es evidente que no tenemos que esclavizar a los hombres? ¡Que lo hemos hecho ya! Abrir latas, acompañarnos a casa, asumir todo el trabajo pesado... ¿Acaso no lo hacéis ya? Es tan divertido fingirnos débiles, y haceros creer que lo hacéis porque nosotras no podemos, y sobre todo: porque queréis.

Es encantador ver a un hombre convencido de que debe cuidarnos, de que debe ser él el que nos acaricie el pelo- como decía Rodrigo en su blog-. Ya sabemos que nos necesitáis, y que no podéis vivir sin nosotras. Ya estáis esclavizados.

¿Pero sabes qué? Sigamos fingiendo. Dejemos, las mujeres, de gritarle al mundo lo que valemos. ¡Pero si es evidente! Cuanto más lo repitamos, menos credibilidad nos irá quedando. A ver si ahora, nos van a dar los hombres el mando- que ya lo tenemos, de todas formas- y nos van a hacer decidir dónde cenar.

Mejor que os lo curréis un poco, eh, y no os preocupéis, que cuando nosotras queramos mandar en algo, nos bastará una sola mirada.

miércoles, 15 de enero de 2014

PONTE GUAPA





"Ponte guapa".

¿Perdona? ¿Que me ponga qué?

"Ponte guapa".

No, en serio, basta ya. No dejes que te lo digan nunca más. "Ponte guapa" es una frase que SIEMPRE estará fuera de lugar. Incluso cuando quiere decir algo así como "vamos a cenar en un sitio tan perfecto que vas a creer que estás soñando". 
Que no. Que te lleve a cenar a donde quiera, al mismísimo cielo, pero que te pongas guapa no te lo puede pedir.

Porque no hace falta, sencillamente. Porque guapa ya eres. Y si te quiere, lo de menos es la cena. Que te invite a una hamburguesa barata o a una pizza turca (con doble de salsa si está generoso), pero que sepa ver que tú siempre estás guapa. Que se haya dado cuenta de que tus mejillas se sonrojan después de la primera copa de vino, y que le encante. Que pase horas contando los mechones de tu pelo que bailan con el viento, cuando abres la ventanilla despreocupada (como debe ser) de mantenerlos en su sitio. 
Que adore tus pecas, cada lunar, el color de tu piel y todo lo que tú misma decidiste odiar.
Que te obligue a quererte, ¿sabes? Que esté convencido de que no hay en el mundo nada más bello que tus pestañas negras descansando sobre tus mejillas cuando duermes.

Enfadada, relajada, burlona, gritona, risueña, agobiada... Llevando la razón y fuera de control. Honrada y mentirosa. Joven, fullera. En todas tus formas, ese hombre debe amarte en todas tus formas.


- ¿Qué me pongo?
- Cualquier cosa, ¡tú siempre estás guapa!

Así sí.