viernes, 31 de enero de 2014

Al despertar.

Buenos días, sea la hora que sea- aunque no despiertes por la mañana-. He dejado café en la cocina, y he salido por la ventana.

El despertador está apagado, y escondido en algún rincón. Espero que no te importe, estabas tan guapa cuando he despertado con toda tu piel brillando al sol. 

Los labios rojos y las mejillas sonrosadas, la almohada empapada de sueños de amor. Estabas tan guapa, tanto, que no te desperté. Me faltó valor.

Tienes mi tacto aún en las sábanas, mis besos en la mejilla, y por todo el cuerpo mi olor. 

No me eches demasiado de menos, he dejado algunas mantas en el cajón de la mesilla y junto a ellas, un frasquito de ilusión.

Enciende la chimenea y dedícate a ser tú, que yo no tardo, lo prometo. Volveré en cuanto haya pintado el cielo de azul.

Del azul que mereces ver, y de los árboles y el amanecer... Yo pintaré cada mañana los paisajes que no quieran ser.





jueves, 30 de enero de 2014

Trying to reach the stars.

Que quien lee, viaja, eso lo sabemos todos. Que quien abre las páginas de un libro, abre también nuevas puertas, y al final vive tantas vidas que puede decir que ha sentido el doble.
Que cuando sientes tanto, y tan fuerte, se te salen las emociones del alma. Y se derraman en el papel.
Que empiezas a escribir sin saber bien cómo, ni por qué. Sólo escribes y al final descubres, te descubres. Y luego te das a conocer, y sobre todo, conoces.







Yo no me canso de repetir que cuando me adentré en La Guerra de las Napolitanas, no tenía ni idea de cuánto me iba a aportar: momentos, alegrías, sensaciones, PERSONAS.

Personas que ayudaron y confiaron en mí sin conocerme en realidad, personas que viven para mostrar al mundo la belleza de este viaje que es la lectura.

He venido hoy a hablar de una de ellas, la administradora de este blog: http://turnyourcannotsintocans.blogspot.com.es/?m=1

Me comentaba ayer que su trabajo había sido aceptado por varias editoriales (entre las cuales se encuentra Sm), que acceden a enviarle ejemplares de algunas obras para que ella las reseñe. Enhorabuena, Sara, es maravilloso ver cómo personas que te han ayudado suben un escalón más en su carrera hasta el éxito.

¿Qué quiero pedir? Que os paséis por el blog, que le echéis un vistazo, que os unáis a él, y que disfrutéis de todo lo que ofrece. Ganáis vosotros, en realidad.

Ojalá vivas.



Ojalá vivas y ojalá sueñes, y ojalá nunca te sientas solo- ni siquiera cuando lo estés-.

Ojalá te enamoren y te dejes enamorar, y que te partan el corazón y luego olvides. Ojalá sepas lo que es sufrir. 
Que te caigas mil veces y mil veces te levantes, ojalá aprendas a ser feliz.




Ojalá sonrías, y ojalá llores, ojalá se escuchen tus carcajadas en cada rincón. Que tiemble el mundo cuando te enfades, ojalá ames con el corazón.

Ojalá conozcas la amistad, y  nunca tengas miedo a soñar.
Ojalá te atrevas, y tengas ilusión. Que sepas ver los pequeños detalles, una aventura por cada canción.
Ojalá nunca te falte esperanza, ni te fallen las ganas de luchar. Ojalá tu vida sea una búsqueda en la que nunca dejes de encontrar. 







Y ojalá bailes siempre con ganas, y la lluvia te moje y el sol te vuelva a calentar.

Ojalá sepas ver qué es lo que vale, que sepas ser y estar. Que no tengas que parecer nada, que no te importe gustar. 

Ojalá te quieran, ojalá te sepas querer. 

Ojalá vivas y ojalá sueñes.
Ojalá.

miércoles, 29 de enero de 2014

La generación del Like.

Imagínate una fiesta con tus amigas: la cena, el vino tinto, los postres cukis, las copas de después, las risas, las charlas clandestinas, las copas de después, la música, los bailes, las copas de después...







Siempre lo mismo, vale, pero cada vez mejor. Siempre la misma anécdotas y el mismo chiste, vosotras, vuestra canción. La misma llamada a los taxis, la bajada retocando el maquillaje en el ascensor. Y la misma foto. Ésa que haces tú misma con la cámara interna del teléfono móvil, alzándolo en el aire y enfocando a duras penas vuestras caritas de sueño, vuestros párpados caídos y vuestros labios recién pintados. Ésa en la que ponéis morritos, ésa en la que no salís tan bien. Esa foto que justo en ese momento- sentadas en el asiento de atrás del coche de un pobre taxista que se siente amenazado- os parece divina, pero que al día siguiente no.









Es aquí donde entra en juego el peligro de esa bomba que llevamos siempre en el bolsillo: el smartphone. Verás, hace no más de cuatro años, esa foto horrible habría quedado en tu galería, oculta, para que la vieras al día siguiente y simplemente decidieras: la borro, que desaparezca para siempre; la subo a Facebook, que nos vamos a reír; a la carpeta de Dropbox, y así sólo la vemos nosotras.

Pero todo eso ya da igual, porque es Enero de 2014 y tú tienes acceso a tus redes sociales en cualquier momento del día: en clase, en el trabajo, mientras preparas la comida, e incluso cuando no estás en condiciones de decidir qué le muestras al mundo y qué no (porque estás eufórica, porque en ese preciso instante todo es genial). Al final, la foto termina en Twitter, en Facebook, en Instagram, y en todos los rincones donde has podido colgarla con un comentario del tipo: "quierp tsnto a mis amugss". Y la olvidas. Esa noche bailas y disfrutas como si el mundo estuviese a punto de acabar, y tú te olvidas de todo lo que esté pasando fuera de esa discoteca en la que, probablemente, te encuentres con toda tu ciudad.

No habría ningún problema con todo esto si a la mañana siguiente, haciendo recuento de los mejores momentos de la noche, viniesen a tu mente imágenes del taxi y vuestra foto, y encendieras corriendo el móvil para buscarla: bien, ahí está, es horrible pero podemos borrarla, control de daños, todo el que saliera anoche tiene una cagada como ésta y además, seguro que todos duermen.

Pero no, ésa no es la realidad- lo fue hace un tiempo, pero ya casi no lo recuerdo-. Lo que de verdad ocurre cuando enciendes el teléfono, es que te encuentras con unas mil notificaciones de facebook, de todas esas personas que la noche de antes se acostaron temprano, y han decidido madrugar: tus tías, tu madre, las amigas de tu madre. Las de tu abuela. Todas esas señoras que, después de años criticando a la juventud por su obsesión con las redes, decidieron un buen día entrar en facebook en masa, como una marabunta, y llenarlo todo de fotos absurdas: Dale like si odias esta enfermedad, comparte si crees que esta niña es hermosa, tírate al suelo y haz la croqueta si estás hasta las narices de imágenes así.
Piénsalo: esas señoras tienen un control detallado de la vida de todos sus amigos, no podía ser de otra manera, ellas ya han visto tu foto. 

Y les gusta.

Vete a saber por qué, a tu madre- la misma madre que ayer gritaba por el pasillo si de verdad era necasario salir un jueves, si no te cansas nunca, si no tienes que estudiar- le gusta esa foto tuya con la palabra RON escrita en la frente. A saber qué habrán visto en ella tus tías y sus amigas, qué es lo que les ha hecho tanta gracia, qué les ha llevado a darle al botoncito de "Like".

Yo tengo una teoría: ellas, que nos bautizaron a nosotros como "la juventud que está loca", están todavía peor. Ellas son la generación del "Like", da igual lo que ecribas, a ellas les va a gustar.

- He aprobado un examen: Like.
- Com qirro a mos aimgus: Like.
- Ayer se murió mi pero: Like, Like, Like..,

De verdad, no termino de ver cómo hemos llegado a esto. Cómo no se nos ha ocurrido establecer edades y fechas de caducidad para las redes sociales (hay excepciones, vale, pero también las hay muy maduras a los quince y nadie les da la mayoría de edad). 

¿En qué momento, en qué momento por favor, dijimos "mamá, deberías probar whatsapp"? ¿Quién fue el primero? Mira, sin rencores, pero por tu culpa, ahora mamá pasa malos ratos pendiente de la última conexión, pregunta "dónde estás" y sobre todo: "¿POR QUÉ NO ME CONTESTAS?"

Y vosotras- mamás, tías, abuelas- ¿Acaso nosotros hemos invadido vuestro lugar de trabajo? ¿Qué va a ser lo siguiente, venir a estudiar a la biblioteca? Y, de verdad, explicadme esto: ¿Por qué os gusta todo? ¿Por qué? Si en la vida real no dejáis de criticar...






Pastel de fresa y esperanza.

Él era a sus días lo que la espuma dulce al café.
Allí donde veía montañas de libros, él encontraba cuentos para ir a la cama; por cada bostezo le devolvía ilusión, y por cada desánimo toneladas de ganas.
Él era a sus días lo que el fuego de una chimenea es a las tardes de invierno, lo que los libros a las mañanas de playa.
Cada vez que ella decía "no puedo", le preparaba pastel de fresa...
... y esperanza.

jueves, 16 de enero de 2014

Buscar la felicidad, y ENCONTRAR.

¿Sabes esa pequeña manchita de café que queda en el plato cuando dejas caer la cucharilla antes de beber? Como un charquito de energía justo ahí, junto a tu tostada. A mí me encanta. Igual que el olor a pan, y a desayuno. A hogar, a casa. Y cerrar los ojos y empaparme de tanto recuerdo. Y luego abrirlos, y ver que sigo aquí, que soy afortunada.

Esta mañana ha amanecido nublado, y luego se ha puesto a llover. Y será que siempre he sido rara, o que algo en mí siempre funcionó al revés. Que siempre quise ser yo misma, y nadie más. Lo cierto es que a mí me alegran la vida los días así. Más que el sol, y los paseos por el parque, y las cañas y las tapas. Porque, ¿sabes? para mí el secreto está entre las páginas de cualquier libro, mientras la lluvia golpea violenta en el cristal, tras las cortinas, y yo estoy ahí, a salvo. Con los pies hundidos en las últimas arrugas del edredón, allá donde no existe el frío. Y en algún rincón Tom Waits me canta una nana, y siento mis párpados caer cada vez más pedados. Es curioso, siempre termino soñando con él. Con el hoyuelo en su mejilla izquierda, y el sonido de su risa cuando es feliz. Y con un mar inmenso, que nos eriza el pelo y nos sala la piel.








Tal vez deberías probar, ya sabes, buscar la felicidad. Un poco en los libros y la lluvia, sí. Y un poco más allá. Tal vez deberías llenar una bañera de agua caliente y dejar que The Lumineers suenen de fondo y hagan todo el trabajo por ti, dejar que ellos te alegren la tarde. Ta vez es hora de dejar de posponer la alarma, y programarla a una hora más realista. E incluso preguntarte quién eres, y aceptarte, y olvidar de una vez quien quieres ser.


Empezar a buscar en el sitio correcto, y encontrar. 



Esclaviza2

¿Sabes esos momentos, estudiando algo tan interesante que tienes que luchar para no dormirte, cuando sientes que un único dato más bastaría para hacer explotar tu cabeza salpicando a todos de tanta información? O esas mañanas de domingo bajo el edredón, sin querer salir de la cama, sin saber cómo hacerlo en realidad. 
Hay noches en las que no apetece nada, sólo escuchar o leer a alguien con capacidad de divertirnos, alguien capaz de hacernos reír. Días en los que todo a nuestro alrededor es rutina, y sentimos la necesidad de que pase algo extraordinario, o simplemente de que alguien nos de un codazo y nos grite: "¡Eh! Yo tengo algo que contarte, así que desconecta un poco, ¿no?".

Son ésos los momentos en los que ellos me rescatan de tanto movimiento mecánico, de tanto prepárate un café-termina de beberlo rápido-corre que vas tarde-haz lo mismo cada día. Ellos, los chicos Glamour. ¿Cuántas veces me habréis visto sonreírle a móvil, perdida entre las líneas de algún post genial?
Lo que dicen ellos, casi siempre es palabra de Dios. No, mejor, casi siempre son palabras que antes hemos pensado nosotras, las chicas, transformadas en el discurso de un hombre que escribe para ponernos a todas de acuerdo.

Eh, gracias.

Y en cambio, a Rodrigo Taramona, yo tengo algo que decirle. Sé que el resto de las mujeres (las que me lean, no serán demasiadas) montarán en cólera después de esto, que voy a desvelar secretos que es mejor que los hombres no sepan, que estamos mucho más cómodas refugiadas en esa situación desfavorable en la que nos han dicho que nos encontramos, y que luchar es más fácil si el enemigo nos cree débiles. Hemos sido inteligentes, y os hemos hecho sentir más fuertes.

Hace unos días leía en el blog las ventajas de ser un hombre heterosexual, y lo mal que nos lo montamos las mujeres, atadas a cánones impuestos por la publicidad y siendo el anzuelo para los consumidores masculinos. Rodrigo nos pedía por favor que esclavizáramos a los hombres, porque estamos más preparadas para dominar el mundo. Imaginaba un futuro maravilloso, en el que los hombres formarán parte de un harén y dedicarán su vida a mimarnos, y a cumplir misiones tan peligrosas como abrir las latas de conserva, traernos una copa de vino en mitad de una película, o ir a por un poco de helado cuando no queramos levantarnos del sofá.  

Y a mí me surgen dos preguntas importantes. La primera: ¿realmente somos nosotras las utilizadas por la publicidad para atraeros a vosotros, y las que estamos sujetas a cánones exigentes? ¿Y qué pasa con David Gandy, por ejemplo, o con Kortajarena, o Velencoso, o...? ¿Qué pasa con todos ellos? ¿No son cebos para nosotras, no nos hacen desear a otro tipo de hombre, siempre bien vestido y entrenado? Y todas esas todas las películas  tan románticas, y todos esos libros que han revolucionado los conceptos y nos han mostrado nuevas formas de vivir el amor. El listón está alto, y no creo que sea fácil dar la talla.

Y la segunda pregunta, y ahora sí me van a querer muerta: en serio, ¿no es evidente que no tenemos que esclavizar a los hombres? ¡Que lo hemos hecho ya! Abrir latas, acompañarnos a casa, asumir todo el trabajo pesado... ¿Acaso no lo hacéis ya? Es tan divertido fingirnos débiles, y haceros creer que lo hacéis porque nosotras no podemos, y sobre todo: porque queréis.

Es encantador ver a un hombre convencido de que debe cuidarnos, de que debe ser él el que nos acaricie el pelo- como decía Rodrigo en su blog-. Ya sabemos que nos necesitáis, y que no podéis vivir sin nosotras. Ya estáis esclavizados.

¿Pero sabes qué? Sigamos fingiendo. Dejemos, las mujeres, de gritarle al mundo lo que valemos. ¡Pero si es evidente! Cuanto más lo repitamos, menos credibilidad nos irá quedando. A ver si ahora, nos van a dar los hombres el mando- que ya lo tenemos, de todas formas- y nos van a hacer decidir dónde cenar.

Mejor que os lo curréis un poco, eh, y no os preocupéis, que cuando nosotras queramos mandar en algo, nos bastará una sola mirada.

miércoles, 15 de enero de 2014

PONTE GUAPA





"Ponte guapa".

¿Perdona? ¿Que me ponga qué?

"Ponte guapa".

No, en serio, basta ya. No dejes que te lo digan nunca más. "Ponte guapa" es una frase que SIEMPRE estará fuera de lugar. Incluso cuando quiere decir algo así como "vamos a cenar en un sitio tan perfecto que vas a creer que estás soñando". 
Que no. Que te lleve a cenar a donde quiera, al mismísimo cielo, pero que te pongas guapa no te lo puede pedir.

Porque no hace falta, sencillamente. Porque guapa ya eres. Y si te quiere, lo de menos es la cena. Que te invite a una hamburguesa barata o a una pizza turca (con doble de salsa si está generoso), pero que sepa ver que tú siempre estás guapa. Que se haya dado cuenta de que tus mejillas se sonrojan después de la primera copa de vino, y que le encante. Que pase horas contando los mechones de tu pelo que bailan con el viento, cuando abres la ventanilla despreocupada (como debe ser) de mantenerlos en su sitio. 
Que adore tus pecas, cada lunar, el color de tu piel y todo lo que tú misma decidiste odiar.
Que te obligue a quererte, ¿sabes? Que esté convencido de que no hay en el mundo nada más bello que tus pestañas negras descansando sobre tus mejillas cuando duermes.

Enfadada, relajada, burlona, gritona, risueña, agobiada... Llevando la razón y fuera de control. Honrada y mentirosa. Joven, fullera. En todas tus formas, ese hombre debe amarte en todas tus formas.


- ¿Qué me pongo?
- Cualquier cosa, ¡tú siempre estás guapa!

Así sí.