viernes, 31 de enero de 2014

Al despertar.

Buenos días, sea la hora que sea- aunque no despiertes por la mañana-. He dejado café en la cocina, y he salido por la ventana.

El despertador está apagado, y escondido en algún rincón. Espero que no te importe, estabas tan guapa cuando he despertado con toda tu piel brillando al sol. 

Los labios rojos y las mejillas sonrosadas, la almohada empapada de sueños de amor. Estabas tan guapa, tanto, que no te desperté. Me faltó valor.

Tienes mi tacto aún en las sábanas, mis besos en la mejilla, y por todo el cuerpo mi olor. 

No me eches demasiado de menos, he dejado algunas mantas en el cajón de la mesilla y junto a ellas, un frasquito de ilusión.

Enciende la chimenea y dedícate a ser tú, que yo no tardo, lo prometo. Volveré en cuanto haya pintado el cielo de azul.

Del azul que mereces ver, y de los árboles y el amanecer... Yo pintaré cada mañana los paisajes que no quieran ser.





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