jueves, 16 de enero de 2014

Buscar la felicidad, y ENCONTRAR.

¿Sabes esa pequeña manchita de café que queda en el plato cuando dejas caer la cucharilla antes de beber? Como un charquito de energía justo ahí, junto a tu tostada. A mí me encanta. Igual que el olor a pan, y a desayuno. A hogar, a casa. Y cerrar los ojos y empaparme de tanto recuerdo. Y luego abrirlos, y ver que sigo aquí, que soy afortunada.

Esta mañana ha amanecido nublado, y luego se ha puesto a llover. Y será que siempre he sido rara, o que algo en mí siempre funcionó al revés. Que siempre quise ser yo misma, y nadie más. Lo cierto es que a mí me alegran la vida los días así. Más que el sol, y los paseos por el parque, y las cañas y las tapas. Porque, ¿sabes? para mí el secreto está entre las páginas de cualquier libro, mientras la lluvia golpea violenta en el cristal, tras las cortinas, y yo estoy ahí, a salvo. Con los pies hundidos en las últimas arrugas del edredón, allá donde no existe el frío. Y en algún rincón Tom Waits me canta una nana, y siento mis párpados caer cada vez más pedados. Es curioso, siempre termino soñando con él. Con el hoyuelo en su mejilla izquierda, y el sonido de su risa cuando es feliz. Y con un mar inmenso, que nos eriza el pelo y nos sala la piel.








Tal vez deberías probar, ya sabes, buscar la felicidad. Un poco en los libros y la lluvia, sí. Y un poco más allá. Tal vez deberías llenar una bañera de agua caliente y dejar que The Lumineers suenen de fondo y hagan todo el trabajo por ti, dejar que ellos te alegren la tarde. Ta vez es hora de dejar de posponer la alarma, y programarla a una hora más realista. E incluso preguntarte quién eres, y aceptarte, y olvidar de una vez quien quieres ser.


Empezar a buscar en el sitio correcto, y encontrar. 



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