jueves, 16 de enero de 2014

Esclaviza2

¿Sabes esos momentos, estudiando algo tan interesante que tienes que luchar para no dormirte, cuando sientes que un único dato más bastaría para hacer explotar tu cabeza salpicando a todos de tanta información? O esas mañanas de domingo bajo el edredón, sin querer salir de la cama, sin saber cómo hacerlo en realidad. 
Hay noches en las que no apetece nada, sólo escuchar o leer a alguien con capacidad de divertirnos, alguien capaz de hacernos reír. Días en los que todo a nuestro alrededor es rutina, y sentimos la necesidad de que pase algo extraordinario, o simplemente de que alguien nos de un codazo y nos grite: "¡Eh! Yo tengo algo que contarte, así que desconecta un poco, ¿no?".

Son ésos los momentos en los que ellos me rescatan de tanto movimiento mecánico, de tanto prepárate un café-termina de beberlo rápido-corre que vas tarde-haz lo mismo cada día. Ellos, los chicos Glamour. ¿Cuántas veces me habréis visto sonreírle a móvil, perdida entre las líneas de algún post genial?
Lo que dicen ellos, casi siempre es palabra de Dios. No, mejor, casi siempre son palabras que antes hemos pensado nosotras, las chicas, transformadas en el discurso de un hombre que escribe para ponernos a todas de acuerdo.

Eh, gracias.

Y en cambio, a Rodrigo Taramona, yo tengo algo que decirle. Sé que el resto de las mujeres (las que me lean, no serán demasiadas) montarán en cólera después de esto, que voy a desvelar secretos que es mejor que los hombres no sepan, que estamos mucho más cómodas refugiadas en esa situación desfavorable en la que nos han dicho que nos encontramos, y que luchar es más fácil si el enemigo nos cree débiles. Hemos sido inteligentes, y os hemos hecho sentir más fuertes.

Hace unos días leía en el blog las ventajas de ser un hombre heterosexual, y lo mal que nos lo montamos las mujeres, atadas a cánones impuestos por la publicidad y siendo el anzuelo para los consumidores masculinos. Rodrigo nos pedía por favor que esclavizáramos a los hombres, porque estamos más preparadas para dominar el mundo. Imaginaba un futuro maravilloso, en el que los hombres formarán parte de un harén y dedicarán su vida a mimarnos, y a cumplir misiones tan peligrosas como abrir las latas de conserva, traernos una copa de vino en mitad de una película, o ir a por un poco de helado cuando no queramos levantarnos del sofá.  

Y a mí me surgen dos preguntas importantes. La primera: ¿realmente somos nosotras las utilizadas por la publicidad para atraeros a vosotros, y las que estamos sujetas a cánones exigentes? ¿Y qué pasa con David Gandy, por ejemplo, o con Kortajarena, o Velencoso, o...? ¿Qué pasa con todos ellos? ¿No son cebos para nosotras, no nos hacen desear a otro tipo de hombre, siempre bien vestido y entrenado? Y todas esas todas las películas  tan románticas, y todos esos libros que han revolucionado los conceptos y nos han mostrado nuevas formas de vivir el amor. El listón está alto, y no creo que sea fácil dar la talla.

Y la segunda pregunta, y ahora sí me van a querer muerta: en serio, ¿no es evidente que no tenemos que esclavizar a los hombres? ¡Que lo hemos hecho ya! Abrir latas, acompañarnos a casa, asumir todo el trabajo pesado... ¿Acaso no lo hacéis ya? Es tan divertido fingirnos débiles, y haceros creer que lo hacéis porque nosotras no podemos, y sobre todo: porque queréis.

Es encantador ver a un hombre convencido de que debe cuidarnos, de que debe ser él el que nos acaricie el pelo- como decía Rodrigo en su blog-. Ya sabemos que nos necesitáis, y que no podéis vivir sin nosotras. Ya estáis esclavizados.

¿Pero sabes qué? Sigamos fingiendo. Dejemos, las mujeres, de gritarle al mundo lo que valemos. ¡Pero si es evidente! Cuanto más lo repitamos, menos credibilidad nos irá quedando. A ver si ahora, nos van a dar los hombres el mando- que ya lo tenemos, de todas formas- y nos van a hacer decidir dónde cenar.

Mejor que os lo curréis un poco, eh, y no os preocupéis, que cuando nosotras queramos mandar en algo, nos bastará una sola mirada.

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