miércoles, 29 de enero de 2014

Pastel de fresa y esperanza.

Él era a sus días lo que la espuma dulce al café.
Allí donde veía montañas de libros, él encontraba cuentos para ir a la cama; por cada bostezo le devolvía ilusión, y por cada desánimo toneladas de ganas.
Él era a sus días lo que el fuego de una chimenea es a las tardes de invierno, lo que los libros a las mañanas de playa.
Cada vez que ella decía "no puedo", le preparaba pastel de fresa...
... y esperanza.

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