domingo, 2 de febrero de 2014

Pero llegó ella.




Tenía que ser rubia. Tenía que ser rubia y muy alta, tener las piernas interminables y la piel más suave del mundo. Los ojos azules, los labios rosa palo. Tenía que ser perfecta.

Tenía que gustarle leer, y conocer el nombre de todos sus autores preferidos. Y tenía que ser inteligente, tener un futuro, ser digna de la vida que él había planeado. Tenía que gustar a todos, y encajar en su mundo como si hubiese sido creada para entrar en él. Y tenía que desear estar allí, colgada de su brazo. 
Tenía que ser dulce, y a la vez trasmitir seguridad. Eran necesarios los modales. Tenía que vestir bien. Tenía que ser adecuada. 

Pero llegó ella, entre la tormenta y la búsqueda, con el pelo empapado y pegado en la cara. Ella, tan absolutamente poco apropiada. 


Llegaron ella y su olor a lluvia y a libertad, a casa y a leña, a libros que encierran secretos, a tierra mojada. Ella, y su melena oscura bailando con el gris del cielo y ondeando al son del viento y de su respiración enamorada. Ella y su nariz de bruja, y sus pecas de hada. Y su sonrisa, con todas esas historias blancas por contar, como si no tuviesen fin, como si hubiese vivido durante siglos que no han durado nada. Ella y su inocencia, y sus miradas ingenuas que escondían a saber cuántos trucos tras las pestañas aladas.


Ella. Ella que era a ratos la tranquilidad de un atardecer, y al mismo tiempo una ciudad ardiendo. Ella que no era más que un par de vaqueros desgastados, y unos pies descalzos que bailan en la hierba. Una canción, un verano entero, una sola mirada. 


Ella que comía pizza al llegar a casa después de una noche de fiesta, que le enseñó a olvidar los problemas, que cuando los había fumaba despreocupada.Ella y aquella forma de pedirle acortar las distancias, ella y sus camisas por el suelo, su forma de ser mágica y desordenada.

Ella con sus silencios que duran años, capaz de decirlo todo sin necesidad de palabra. Ella cuando sentía, ella cuando vivía, ella cuando suspiraba.

Ella que reía como una loca, que presumía de tanto descaro, justo antes de volverse tímida y cubrirse la cara. Ella que tan facilmemte se sonrojaba. Ella que era fuerte, fuerte, y luego se rompía, y a veces lloraba. Ella que lanzaba miradas que eran un "te necesito" gritado al viento, o el desgarro de un alma silenciada.


Él buscando la perfección, para al fin toparse con ella. Con ella y todas esas manías, desesperantes y desesperadas. Ella que le quitaba el sueño, que le hizo ver que nunca supo nada. Ella que le enseñó quién era con una sonrisa y un par de caladas. Ella que era el verano, las flores de Mayo,  la luz naranja que huele otoño, y una montaña nevada. 


¿Y qué es querer sino darnos cuenta de que nunca supimos todo lo que podíamos sentir? Y destruir planes, desmontar esquemas, y que sólo nos importe la felicidad de quien nos ama.


Qué era el amor, eso no lo sabía. ¿Pero qué podía acercarse más que aquel terremoto en su vida al descubrirla a ella?

Ella y sus "estoy aquí para ti".

Ella y sus "no entiendes nada".

Ella y sus "vive".

Ella y sus "ahora".


Ella, y el olor a café de por las mañanas.


Ella y sus ideas de loca, y sus vergüenzas de niña.


Ella y su ropa tan rara.


Ella vistiéndose con prisa. 


Ella, desastre, siempre tarde.


Ella y su forma de gritar enfadada.


Ella como una fuerza necesaria.


Ella, siempre con ganas.






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