martes, 4 de febrero de 2014

Vivid lo más.



Ayer estuve tres horas allí, de pie, mirándolo en silencio y queriéndoselo decir todo, TODO, y en cambio no. No despegué los labios, y ahora estoy aquí, cobarde, para escribir lo que sentí y no pude explicar.

Tenía los párpados caídos, los ojos cerrados, presa de un sueño que se le había impuesto por su bien y a su pesar. Y en la piel de la frente, y junto a la boca y la barbilla, sólo las arrugas que llevan ahí tanto tiempo que han decidido ya no dejar nunca de ser. Que se han ganado ese derecho, de revelar un poco su edad. Pero ninguna que mostrara tensión o dolor, ninguna más. Ese hombre dormía con una languidez y una relajación tan extremas, que estaba lejos de cualquier tipo de coherencia. Sobre la mesa del quirófano, desprovisto de ropa y de consciencia, con la barriga abierta en canal. Totalmente ajeno a esas manos que manipulaban sus órganos, sumergido en ese sueño que imaginé placentero.

- ¿Qué le pasa?- me atreví a preguntar.
- Se trata de una masa tumoral, mira, puedes palparla aquí, en el recto.

Y de verdad, fueron necesarios esfuerzos de todo tipo para evitar, a toda costa, una carcajada tras mi mascarilla. Una de ironía y de rabia, de impotencia y frustración. Volví a mirar a ese paciente, y de repente, dejó de serlo sin más. Ya no estaba frente a un caso interesante, ni ante un enfermo que curar. Lo que tenía frente a mí era una persona, una persona viva (y tan viva, que yo misma pude verlo latir en su interior).

Imaginé en pocos segundos su vida, imágenes inventadas que por un momento creí reales. Una mujer, unos hijos. Amigos, aficiones y pasiones, libros que habría leído, películas que le quedaban por ver. Y quise gritar, allí mismo:

VIVA. Viva después de ésta y búrlese de esa maldita enfermedad que ni siquiera voy a nombrar. Viva y agárrese a la vida, con fuerza, con valentía, sin razón. No piense demasiado. Cuando despierte, olvide que estuvo aquí. Y salte obstáculos y tratamientos, ignore las consecuencias y los riesgos. Viva, viva y sea feliz. 
Debe ser ejemplo para muchos que van a sufrir igual. Enseñe, muéstrenos a todos que el destino lo elegimos nosotros, y que la vida siempre es la mejor opción. 

Y todos vosotros, los demás. Enfermeras y cirujanos, anestesista, lectores que ahora dedican un tiempo a mis palabras: VIVID TAMBIÉN. Al margen de las modas y las nuevas reglas, al margen de toda presión. Vivid y aprovechad cada oportunidad.
Que cada día merezca la pena, que cada segundo sea una batalla librada en nombre de vuestra felicidad. No os convirtáis nunca, NUNCA, en personas grises. Saboread.
El amargor de un buen café, el queso derretido de una pizza, la ternura de un beso y la fuerza de los abrazos más deseados. Compadeceos de aquéllos que no se apasionan, que aman a medias, que no ríen nunca ni se atreven a soñar. Llorad cuando estéis tristes y quered siempre de más. 
No pidáis en un bar cerveza sin alcohol, no os privéis de un helado en pleno mes de Enero, ni renunciés a la nata en las tortitas para desayunar.
Sed vosotros mismos, concedeos caprichos, buscad la verdad.

VIVID, vivid lo más. Y si algún día llega, si os anuncian el final, seguid, luchad.

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