martes, 25 de marzo de 2014

el arte de amar los detalles.









Ella es una de esas personas a las que hay que querer. No por su sonrisa de momentos difíciles, ni por su nariz tan pequeña o su manera de caminar dando saltitos- que también-; sino porque hay espectáculos de los que uno jamás llega a disfrutar si no está atento.


Hay que quererla para soportar sus altibajos, sus enfados repentinos y su manera de gritar. Hay que quererla para no huir a la primera de cambio, y quedarse a observar el modo en que alza los brazos al mismo ritmo que la voz; cómo da pequeñas patadas de frustración al suelo; cómo eleva la mirada al cielo dando por hecho que ella lleva razón. Hay que quedarse y verla enrojecer de rabia, y poner los brazos en jarra, transformándose entonces en el cuadro más gracioso que jamás imaginaste. Ella es así, simpática incluso cuando deberías odiarla.

Si sabes quererla, y apreciarla como debes, serás uno de los pocos conocedores del motivo por el que, cuando está concentrada, no permite que tú lo estés. Mira sus apuntes- o la televisión, o lo que sea- con los ojillos entornados y la nariz arrugada hasta juntar todas las pecas en un cielo estrellado bajo su mirada atenta. ¿La has visto leer? Se olvida del mundo- y hasta de ti- y sonríe o hace pucheros en un ejercicio de empatía con los personajes en cuya piel vive tantas historias de cortas horas. Llora con cualquier película, y ríe con los chistes menos graciosos. Es un tornado incontrolable, una bomba de sentimientos, un vicio si la pruebas alguna vez.

Ella es de las que siguen comprando en las tiendas más pequeñas de su barrio por cariño a cada tendero, de las que abren las ventanas para ver si puede echar a los mosquitos sin tener que matarlos. De las que quieren y sienten, y se saben insignificantes- sin darse cuenta de lo que significan para tantos-.

Le gusta la música, pero no sólo escucharla. Le gusta vivirla de verdad, sentirse vibrar con ella, parar en la letra y analizarla. 
Es necesario quererla para presenciar esos momentos de párpados caídos y a saber cuántos sueños tras ellos. Momentos de piel relajada y labios entreabiertos que piden besos sin llegar a suplicarlos. Momentos que son una brisa que acaricia su pelo sin atreverse a agitarlo, y las notas de su canción favorita acariándole los oídos a golpe de guitarras y una voz que parece abrazarnos. Esos momentos serían sólo quietud, de no ser por los pelitos rubios bajo su hombro- esos que sólo alcanzan a ver los ojos de un hombre enamorado- erizados por la emoción de algún pensamiento que siempre será secreto.

Le gusta cocinar. Le gusta moverse por la cocina al ritmo de alguna canción que ha inventado y tararea, moviendo las caderas con tanta gracia que, si eres capaz de captar esa imagen, sentirás que vas a morir de felicidad. Y sabrás apreciar esas dos piernecitas blancas bajo el delantal verde, en las que el sol parece reflejarse al mediodía,  y que se tensan cada vez que ella se alza de puntillas para alcanzar a abrir algún armario.

Ella es una de esas personas a las que hay que querer, para poder uno memorizar a qué huele- tan única y original- su piel. Puede que así estés donde estés, si en algún momento percibes esa mezcla de fresas y cítricos, ese olor a libertad y a rebeldía, sepas que está cerca tuya, y puedas sentirte en casa.

Y sepas captar cada matiz que tiene su voz, y zambullirte en ella y saber qué necesita o cuándo acudir sólo por el modo en que ha descolgado el teléfono y ha pronunciado ese "hola" de tantos significados posibles. Adivinar tristeza o alegría en el brillo de su mirada; o en sus labios la burla, o las ganas. Tal vez así, queriéndola como ella merece, te regales a ti mismo el placer de disfrutar de cada sonrojo y cada muestra de su inocencia- a veces fingida, sí, pero no por eso menos encantadora-.

Tienes que quererla y contagiarte de su locura- contagiarla a ella de la tuya también-, meterte a bailar de su mano bajo la lluvia, y esperar abrazados a que un día salga el sol y os pille allí, muertos de risa y desconectados de la realidad.

Ella es una de esas personas a las que hay que querer y hacer feliz simplemente porque, cuando lo son, regalan al mundo el más bello de los sueños jamás soñados.






2 comentarios:

  1. llegue aqui por tu instagram, tienes un blog precioso!! me quedo siguiendote que me encanta lo que escribes! :)

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  2. Me encanta tu blog!
    http://todoocurreamediatarde.blogspot.com.es/

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