martes, 4 de marzo de 2014

TE (...) QUIERO







TE (voy a contar algo de lo que puede que ya te hayas dado cuenta: soy, la mayor parte del tiempo, un desastre que acontece arrastrando consigo todo lo que tiene a su alrededor. Un exceso de carcajadas, un mar de lágrimas, una montaña rusa emocional. Llevo tras de mí, pesando sobre los hombros, una historia que por mucho daño que me haya hecho no quisiera olvidar; porque duele, sí, pero me recuerda que hubo un tiempo en que aún no había perdido a nadie, y no me habían obligado a madurar. Siempre, SIEMPRE, llego tarde, y ni siquiera invento excusas, porque mentir se me da fatal. Sé apreciar el buen cine y la buena literatura, pero lo que me hace feliz son las revistas de moda y la televisión basura. No entiendo de fútbol ni del política, ni pretendo saber nada, porque me dan igual. A veces me enfado sin razón, pero me creo que la tengo y por eso grito, y me gustaría que me la quitaras, pero en realidad no. Y cuando me gusta algo, debes dármelo, pero también hacerme esperar, mantener la ilusión; tiendo al desinterés precoz. Necesito mimos y cariño, pero me agobio con facilidad; te necsito ahí pero no encima, en mi camino pero sin estorbar.  Soy un ciclón, hiperactiva y algo caprichosa, a veces insoportable hasta para mí misma. Y en cambio, ninguna de estas verdades me digné jamás a contarte mirándote a la cara; de nada de esto te avisé. Porque te vi, aquella mañana de Septiembre, dejado caer en una pared blanca que brillaba al sol, y supe en ese momento que, por mucho sentido que le faltase a aquello, tenías que ser para mí. Porque nunca creí en la magia, hasta que tus ojos. Porque tienes el poder de secar mis lágrimas antes incluso de llegar a tocarme. Porque conoces ese punto exacto de equilibrio, maravillosamente poco estudiado, mezcla de la comprensión y el realismo necesarios para hacerme sentir escuchada, pero no demasiado. Porque fuiste el más valiente de los dos, el que abrió la boca en lugar de quedarse callado. Porque la primera vez que miré tus ojos ellos me miraron a mí y me contaron una historia en silencio, la nuestra, la que yo quería vivir. Porque luego descubrí que tus besos por las mañanas saben a café, y que me dejarías empañar los cristales siempre que quisiera para dibujar corazones en ellos; que mi mano siempre encontraría un lugar entre las tuyas, o sobre ellas en cada cambio de marcha mientras conduces hasta el fin del mundo. Porque tu piel gritaba aquellos primeros días que estaba hecha para mí: para mis caricias, para mis abrazos, para darme calor cuando llegara el frío. Porque no podía renunciar a ti, a esa promesa de felicidad para siempre que eran tus brazos abiertos y tu sonrisa. No te avisé de ninguno de los defectos con los que tendrías que convivir si me elegías porque, antes incluso de tenerte, yo ya supe que no me podía permitir perderte. Que no verte sería morir, que la vida poco tendría de vida sin ti) QUIERO.

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