lunes, 10 de marzo de 2014

Tengo derecho a tener un mal día.







Pues mira sí, hoy es lunes. Y no, no creo que vaya a ser un gran día. Los lunes son lunes, y llevan siéndolo toda la vida; no comprendo esta nueva moda que nos conduce a discriminarlos cuando, si te paras a pensar, existen martes que son mucho más horribles- y los miércoles, esos miércoles infernales, tan cansados ya de la semana, y tan lejos del descanso por otra parte-. 


No comprendo tampoco esa necesidad, casi patológica a mis ojos, de inundar las redes sociales- y el día a día- de mensajes cargados de un optimismo inventado y fuera de lugar, una felicidad que no viene a cuento. Nos han hecho creer que el café sabe mejor en una taza con un mensaje positivo, que tenemos que pintarlo todo del color que le falta, que los días grises lo son cuando nosotros elegimos verlos así. Nos han quitado el derecho a estar tristes, a hundirnos, o a llorar; y nos han robado la oportunidad de tocar fondo antes de remontar y subir de nuevo. 


Tal vez deberíamos olvidarnos de tanta fuerza, tanto ánimo, y tanto "tú puedes con todo"; y empezar a aceptar que a veces no se puede- que hay días que es imposible-, y sustituírlo por un: "eh, tranquilo,  que no pasa nada".


Tal vez sería mejor que, en lugar de buscar a alguien que nos sirva de venda para no ver la realidad, elijamos un bastón en el que apoyarnos cuando nos fallen las fuerzas,  una manta para cuando llegue el frío, un paraguas para los días que llueva.


¿Por qué no intentamos plantarle cara a los problemas? Los del lunes, los del martes y los de cualquier día, cuando decidan llegar. ¿Por qué no aceptamos que la vida es precisamente eso: caer, llorar, luchar, levantar? ¿Por qué no nos damos cuenta de que no habrá felicidad si antes no hemos conocido la tristeza; de que sonreír todo el tiempo no es natural?


Que te quieran como eres, eso es lo que tienes que buscar. Que sepan que a veces secar tus lágrimas será imposible, que en ocasiones lo único que necesitas es un "yo te entiendo"- o un silencio, simplemente, que quieran estar-, y que el "no te preocupes" es la inmadurez más inútil si quieren ayudar. 

Que te den la mano fuerte, con valentía, y se embarquen contigo aún a riesgo de naufragar.

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