domingo, 2 de marzo de 2014

Y a mí, plín.

Y que llueva todo lo que tenga que llover, que en mi interior siempre será una mañana soleada. O un amanecer rosa, o un atardecer naranja.
Que llueva, que diluvie, que truene. Que miren y que critiquen, que adivinen, que especulen, que jueguen. Que nos inventen finales tristes, que envidien, que se molesten.
Que qué más da si nosotros seguimos amaneciendo juntos, y el café que compartimos aún nos calienta las manos. Qué importancia tendrá lo que hay fuera si dentro siempre seremos nosotros, si nuestro mundo nunca se enfría, si no perdemos el poder de hablarnos con los ojos.




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